-Capitulo 03-
_________ había quedado impresionada por la falta de sensibilidad de Tom, pero cuando se había dado cuenta de ello ya era tarde para intervenir. Como siempre, sus obedientes empleados habían cumplido sus órdenes eficientemente.
- ¿Algo que has pasado por alto?
- No. Algo que andaba buscando, finalmente lo he localizado – dijo con gravedad en el gesto -. Por lo menos es lo que creo. Y por tu propio bien, ruega que no me haya equivocado.
- ¿Por mi propio bien? No entiendo de qué me estabas hablando – dijo ella aterrada.
- Espero que no – dijo él dándose la vuelta.
_________ fue hacia la escalera. Una mano fuerte la frenó.
- ¿Adónde crees que vas?
- A cambiarme– contestó ella mirando la mano que la sujetaba, algo que le extrañaba, ya que Tom no la tocaba nunca.
- No hay tiempo para ello. El jet esta listo para despegar.
- ¿Regresaremos esta noche? No llevo nada de equipaje – exclamó ella mientras él la llevaba hacia fuera.
- Te arreglaras sin él.
Luego, ya en la limusina, preguntó _________:
- ¿Qué ocurre?
Tom no le hizo caso y se dispuso a hablar por teléfono durante un buen rato en griego.
Ella no entendía una palabra. A su mente acudió el recuerdo del día de la boda, cuando ella le había dicho que intentaría aprender su lengua, y él le había dicho:
- No pierdas el tiempo.
Ésa había sido la primera grieta que se había abierto en su mundo de fantasía. Antes de que se hubiera terminado el día, la grieta se había hecho más profunda, pero le había llevado algún tiempo de realidad el desvanecer por completo aquel mundo de fantasía que ella tanto ansiaba.
La situación con Tom la había desquiciado, pero sin embargo guardaba la compostura. Había aprendido a disimular sus emociones delante de él, y ahora estaba sentada tranquilamente en el coche, con las manos sobre el regazo, como si en su interior no sintiera un temporal.
- ¿De qué se trata todo esto? – preguntó _________ por segunda vez.
Hubo un silencio sepulcral.
- Creí que los asuntos de la herencia de mi padre ya estaban todos resueltos – insistió _________.
- ¿Estás segura? – respondió Tom con calma.
Algo en el tono de su voz le inquietó. Se volvió hacia él, y se encontró con una mirada de hielo. Tenía la sensación de que se avecinaba un desastre, y el terror a enfrentarlo le provocaba un cierto mareo.
- Si al menos me explicaras. ¿Qué...? – comenzó a decir _________.
- ¿Por qué tengo que darte yo explicaciones?
El desprecio de su contestación la silenció.
- Eres tan joven...Debes ser la secreta fantasía de todo hombre – le había dicho una vez.
¿Quién iba a pensar que esas seductoras palabras habían sido pronunciadas por el esposo que la había ignorado durante los últimos cinco años? Sin embargo, Tom había dicho eso la primera vez que se habían visto. ¿Por qué había mentido? ¿Por qué? ¿Acaso había sido por sus tremendas ganas de conseguir las acciones? Seguramente sí. Porque estaba claro que ella no había sido nunca la secreta fantasía de Tom Kaulitz. Él la había usado, igual que su padre, que se había dejado llevar por la fortuna y el status de Tom.
Apenada por sus pensamientos, _________ miraba por la ventanilla. Echaba de menos a Gustav. Gustav, quien no había sabido siquiera quién era ella la primera vez que se le había acercado. Gustav, el primer hombre que la había tratado como un ser humano con sentimientos y necesidades, y con opiniones propias. Gustav sólo la quería a ella. No trataba de usarla.
En París le diría a Tom que quería divorciarse. No quería arriesgarse a perder a Gustav. Y estaba deseosa de vivir su propia vida, hambrienta de la libertad que se dibujaba en el horizonte. Tom le había robado su libertad, los años de adolescencia, cuando ella tendría que haber estado saliendo con chicos, divirtiéndose y enamorándose. ¿Por qué no iba a tener derecho a añorar lo que nunca había tenido?
Sentada en el jet privado ojeó unas revistas, pero no dejó de notar que la azafata se apoyaba en el hombro de Tom, como si fuera de un harén, y quisiera ganarse los favores del sultán. La atractiva mujer trataba de seducirlo. Reconocía todos los síntomas. ¿Quién mejor que ella para reconocerlos? Al fin y al cabo ella también había sido una víctima de Tom. Pero ahora estaba lejos de él, y se sentía orgullosa de la distancia que había podido poner.
Tom Kaulitz, era un hombre con un temperamento acorde con su origen griego, con un aspecto de estrella de cine, no se le movía un pelo, ni física ni emocionalmente. Era además un hombre despiadado, caprichoso, arrogante y perverso con sus enemigos o con aquellos que se le oponían. Si ella hubiese sido su mujer real, no se hubiera arriesgado a andar con otro hombre.
Una limusina los recogió en el aeropuerto de Charles de Gaulle, y los condujo por una ciudad atestada de coches. Se bajó del vehículo. El orgullo le impedía preguntar nuevamente adónde iban, simplemente observaba. Él se bajó también, y se dirigió al edificio más cercano. En la mano llevaba un maletín de ejecutivo. Y el edificio, por su apariencia, debía ser un banco.
_________ había quedado impresionada por la falta de sensibilidad de Tom, pero cuando se había dado cuenta de ello ya era tarde para intervenir. Como siempre, sus obedientes empleados habían cumplido sus órdenes eficientemente.
- ¿Algo que has pasado por alto?
- No. Algo que andaba buscando, finalmente lo he localizado – dijo con gravedad en el gesto -. Por lo menos es lo que creo. Y por tu propio bien, ruega que no me haya equivocado.
- ¿Por mi propio bien? No entiendo de qué me estabas hablando – dijo ella aterrada.
- Espero que no – dijo él dándose la vuelta.
_________ fue hacia la escalera. Una mano fuerte la frenó.
- ¿Adónde crees que vas?
- A cambiarme– contestó ella mirando la mano que la sujetaba, algo que le extrañaba, ya que Tom no la tocaba nunca.
- No hay tiempo para ello. El jet esta listo para despegar.
- ¿Regresaremos esta noche? No llevo nada de equipaje – exclamó ella mientras él la llevaba hacia fuera.
- Te arreglaras sin él.
Luego, ya en la limusina, preguntó _________:
- ¿Qué ocurre?
Tom no le hizo caso y se dispuso a hablar por teléfono durante un buen rato en griego.
Ella no entendía una palabra. A su mente acudió el recuerdo del día de la boda, cuando ella le había dicho que intentaría aprender su lengua, y él le había dicho:
- No pierdas el tiempo.
Ésa había sido la primera grieta que se había abierto en su mundo de fantasía. Antes de que se hubiera terminado el día, la grieta se había hecho más profunda, pero le había llevado algún tiempo de realidad el desvanecer por completo aquel mundo de fantasía que ella tanto ansiaba.
La situación con Tom la había desquiciado, pero sin embargo guardaba la compostura. Había aprendido a disimular sus emociones delante de él, y ahora estaba sentada tranquilamente en el coche, con las manos sobre el regazo, como si en su interior no sintiera un temporal.
- ¿De qué se trata todo esto? – preguntó _________ por segunda vez.
Hubo un silencio sepulcral.
- Creí que los asuntos de la herencia de mi padre ya estaban todos resueltos – insistió _________.
- ¿Estás segura? – respondió Tom con calma.
Algo en el tono de su voz le inquietó. Se volvió hacia él, y se encontró con una mirada de hielo. Tenía la sensación de que se avecinaba un desastre, y el terror a enfrentarlo le provocaba un cierto mareo.
- Si al menos me explicaras. ¿Qué...? – comenzó a decir _________.
- ¿Por qué tengo que darte yo explicaciones?
El desprecio de su contestación la silenció.
- Eres tan joven...Debes ser la secreta fantasía de todo hombre – le había dicho una vez.
¿Quién iba a pensar que esas seductoras palabras habían sido pronunciadas por el esposo que la había ignorado durante los últimos cinco años? Sin embargo, Tom había dicho eso la primera vez que se habían visto. ¿Por qué había mentido? ¿Por qué? ¿Acaso había sido por sus tremendas ganas de conseguir las acciones? Seguramente sí. Porque estaba claro que ella no había sido nunca la secreta fantasía de Tom Kaulitz. Él la había usado, igual que su padre, que se había dejado llevar por la fortuna y el status de Tom.
Apenada por sus pensamientos, _________ miraba por la ventanilla. Echaba de menos a Gustav. Gustav, quien no había sabido siquiera quién era ella la primera vez que se le había acercado. Gustav, el primer hombre que la había tratado como un ser humano con sentimientos y necesidades, y con opiniones propias. Gustav sólo la quería a ella. No trataba de usarla.
En París le diría a Tom que quería divorciarse. No quería arriesgarse a perder a Gustav. Y estaba deseosa de vivir su propia vida, hambrienta de la libertad que se dibujaba en el horizonte. Tom le había robado su libertad, los años de adolescencia, cuando ella tendría que haber estado saliendo con chicos, divirtiéndose y enamorándose. ¿Por qué no iba a tener derecho a añorar lo que nunca había tenido?
Sentada en el jet privado ojeó unas revistas, pero no dejó de notar que la azafata se apoyaba en el hombro de Tom, como si fuera de un harén, y quisiera ganarse los favores del sultán. La atractiva mujer trataba de seducirlo. Reconocía todos los síntomas. ¿Quién mejor que ella para reconocerlos? Al fin y al cabo ella también había sido una víctima de Tom. Pero ahora estaba lejos de él, y se sentía orgullosa de la distancia que había podido poner.
Tom Kaulitz, era un hombre con un temperamento acorde con su origen griego, con un aspecto de estrella de cine, no se le movía un pelo, ni física ni emocionalmente. Era además un hombre despiadado, caprichoso, arrogante y perverso con sus enemigos o con aquellos que se le oponían. Si ella hubiese sido su mujer real, no se hubiera arriesgado a andar con otro hombre.
Una limusina los recogió en el aeropuerto de Charles de Gaulle, y los condujo por una ciudad atestada de coches. Se bajó del vehículo. El orgullo le impedía preguntar nuevamente adónde iban, simplemente observaba. Él se bajó también, y se dirigió al edificio más cercano. En la mano llevaba un maletín de ejecutivo. Y el edificio, por su apariencia, debía ser un banco.
-Capitulo 04-
Tres hombres los esperaban dentro. Uno de ellos a quien _________ reconoció como el representante de su padre, quiso hablar con ella, pero Tom se lo impidió de manera poco caballerosa. Siempre era así. Intolerante, grosero hacia quienes él consideraba seres inferiores a él. Como el hombre de mediana edad, cara colorada y tensa, que los acompañaba.
Subieron al ascensor. ¿Acaso había una nueva oferta de acciones en su valiosa línea de barcos? ¿Cómo podía ser tan codicioso un hombre con toda la fortuna y el poderío que tenía Tom? ¿Pero acaso no se había casado con ella por codicia?
El representante de su padre puso una llave en la mano de _________ sorpresivamente, y se dispuso a partir.
- Dámela a mí – dijo Tom tenso.
Debía de ser la llave de una caja fuerte, propiedad de su padre. Por primera vez no hizo caso y se dirigió directamente hacia donde estaba el representante del banco, que ponía en ese momento una caja fuerte sobre una mesa, y luego abandonaba la habitación vacía.
- _________ – protestó Tom.
_________ no quiso mirarlo. Pero dijo:
- Si es de mi padre, es mío.
- Ten cuidado con lo que dices.
Sus palabras la hicieron estremecer. Lo miró y se sintió paralizada. En el rostro de Tom se adivinaba la agresión y la violencia a punto de estallar.
_________ cejó en su intento, y súbitamente dejo la llave al lado de la caja.
- Si está en esta caja, puedes quedarte tranquila. Pero si no está, puedes considerarte afortunada si llegas a ver el día de mañana.
No entendía a qué cosa se refería que pudiera estar en la caja. Un sudor frío se apoderó de ella. Sus piernas se debilitaron. Sus ojos color zafiro lo miraron incrédulos. Pero él no la estaba mirando. Estaba metiendo la llave en la caja, temblándole el pulso.
_________ se lamió los labios secos en un gesto ansioso. Debía tratarse de algo más que acciones. Nunca había visto a Tom perder el control de ese modo. Y ahora, fuese lo que fuese lo que estaba dentro de la caja, estaba frente a él.
La caja estaba llena de papeles. Tom comenzó a revolverlos, dejando de lado las fotos y cartas, que quedaron esparcidas por toda la mesa. Estaba pálido, y su búsqueda se iba haciendo más desesperada a medida que avanzaba.
_________ fijó la vista en un sobre grande dirigido a una persona de la que jamás había oído hablar. Ni siquiera reconocía la letra. Entonces vio una foto grande en la que se veía a hombres y mujeres en actividades obscenas. Sintió disgusto. No entendía por qué su padre las guardaba.
- ¿Qué es todo eso? – preguntó a Tom, puesto que era evidente que él sabía bastante más que ella acerca de la caja y su contenido.
Él pasó la foto sin demostrar un ápice de asombro.
- ¿Qué es? – preguntó él repitiendo sus palabras con una mueca que simulaba una risa cínica -. ¡Es una caja de vidas destrozadas! Los secretos de otra gente. ¡Tu padre vivía a costa de sus víctimas y de su miedo, el muy cerdo!
_________ se puso lívida, pero lo increpó:
- ¿Cómo te atreves a hablar así de mi padre?
Tom no la estaba escuchando. Seguía buscando entre los papeles como un poseso.
- Qué me obligase a revolver entre esta basura es el último de sus insultos. ¡Yo, Tom Kaulitz, ensuciándome las manos, porque no hay nadie en quien pueda confiar como para que hurgue entre esta colección de errores humanos! ¡Sus trofeos! ¡En lugar de tirarlos los ha conservado hasta el final, el muy cochino!
_________ casi no se sostenía de pie. No podía dar crédito al crimen que se le imputaba a su padre. Y en su incredulidad todo se le hacía confuso.
- ¿Qué está diciendo? – la voz de ella sonó tan débil que apenas se oyó.
- ¿Estás sorda? – la miró Tom sin piedad -. ¿Por qué crees que me casé contigo? ¿Por tu cara bonita y tu educación de convento? ¿Por tu habilidad para actuar como una dama y saber colocar adornos florales en la casa?
- Por las acciones – alcanzó a pronunciar ella.
- ¡No había acciones! ¡Era todo mentira! ¡Ésa línea de barcos ni siquiera existió! – gritó él con furia, sus palabras retumbando en la habitación.
- Me estás mintiendo – contestó _________ a punto de desfallecer.
La atención de Tom estaba puesta en el documento que tenía en ese momento en sus manos. De pronto, sin aviso alguno previo, dio un puñetazo sobre la mesa.
- ¡Es sólo una copia!
- ¿Una copia de qué?
- ¡Y éste es el fin!
Tom parecía un león dispuesto a comérsela.
- El original te lo dio a ti, ¿no es verdad? ¿Te lo dio a ti para dejar a salvo...?
- ¿Qué cosa me dio? – casi no podía articular palabra _________.
- Tu sabes de qué estoy hablando. No te hagas la inocente – dijo él yendo a un rincón de la habitación -. Si no está aquí, lo tienes que tener tú. Max no era ningún tonto. Y sabía que me desharía de ti si caía en mis manos. Así que te lo dio a ti. Entonces, ¿dónde está?
- ¡Basta ya! ¡Déjame en paz! – gritó a pesar del terror que sentía.
- Si no me dices dónde está el certificado, soy capaz de cualquier cosa. ¡He vivido extorsionado durante cinco años para proteger a mi familia, y no pienso vivir así un día más!
Tom había pronunciado por fin la palabra, “extorsionado”. No podía ser cierto. Su padre no podía haberle hecho un chantaje. _________ estaba a punto de desfallecer.
- Siempre me he preguntado por qué lo había hecho así...que tú tuvieras que ser mi castigo de por vida – soltó Tom como pensando en voz alta -. Pero te diré una cosa, preciosa. Prefiero ir a la cárcel por estrangularte antes que cumplir esta otra sentencia.
Aterrada, _________ miraba la cara de Tom, y finalmente, de manera misericordiosa, dejó de verla, al mismo tiempo que _________ se desvaneció.
Tres hombres los esperaban dentro. Uno de ellos a quien _________ reconoció como el representante de su padre, quiso hablar con ella, pero Tom se lo impidió de manera poco caballerosa. Siempre era así. Intolerante, grosero hacia quienes él consideraba seres inferiores a él. Como el hombre de mediana edad, cara colorada y tensa, que los acompañaba.
Subieron al ascensor. ¿Acaso había una nueva oferta de acciones en su valiosa línea de barcos? ¿Cómo podía ser tan codicioso un hombre con toda la fortuna y el poderío que tenía Tom? ¿Pero acaso no se había casado con ella por codicia?
El representante de su padre puso una llave en la mano de _________ sorpresivamente, y se dispuso a partir.
- Dámela a mí – dijo Tom tenso.
Debía de ser la llave de una caja fuerte, propiedad de su padre. Por primera vez no hizo caso y se dirigió directamente hacia donde estaba el representante del banco, que ponía en ese momento una caja fuerte sobre una mesa, y luego abandonaba la habitación vacía.
- _________ – protestó Tom.
_________ no quiso mirarlo. Pero dijo:
- Si es de mi padre, es mío.
- Ten cuidado con lo que dices.
Sus palabras la hicieron estremecer. Lo miró y se sintió paralizada. En el rostro de Tom se adivinaba la agresión y la violencia a punto de estallar.
_________ cejó en su intento, y súbitamente dejo la llave al lado de la caja.
- Si está en esta caja, puedes quedarte tranquila. Pero si no está, puedes considerarte afortunada si llegas a ver el día de mañana.
No entendía a qué cosa se refería que pudiera estar en la caja. Un sudor frío se apoderó de ella. Sus piernas se debilitaron. Sus ojos color zafiro lo miraron incrédulos. Pero él no la estaba mirando. Estaba metiendo la llave en la caja, temblándole el pulso.
_________ se lamió los labios secos en un gesto ansioso. Debía tratarse de algo más que acciones. Nunca había visto a Tom perder el control de ese modo. Y ahora, fuese lo que fuese lo que estaba dentro de la caja, estaba frente a él.
La caja estaba llena de papeles. Tom comenzó a revolverlos, dejando de lado las fotos y cartas, que quedaron esparcidas por toda la mesa. Estaba pálido, y su búsqueda se iba haciendo más desesperada a medida que avanzaba.
_________ fijó la vista en un sobre grande dirigido a una persona de la que jamás había oído hablar. Ni siquiera reconocía la letra. Entonces vio una foto grande en la que se veía a hombres y mujeres en actividades obscenas. Sintió disgusto. No entendía por qué su padre las guardaba.
- ¿Qué es todo eso? – preguntó a Tom, puesto que era evidente que él sabía bastante más que ella acerca de la caja y su contenido.
Él pasó la foto sin demostrar un ápice de asombro.
- ¿Qué es? – preguntó él repitiendo sus palabras con una mueca que simulaba una risa cínica -. ¡Es una caja de vidas destrozadas! Los secretos de otra gente. ¡Tu padre vivía a costa de sus víctimas y de su miedo, el muy cerdo!
_________ se puso lívida, pero lo increpó:
- ¿Cómo te atreves a hablar así de mi padre?
Tom no la estaba escuchando. Seguía buscando entre los papeles como un poseso.
- Qué me obligase a revolver entre esta basura es el último de sus insultos. ¡Yo, Tom Kaulitz, ensuciándome las manos, porque no hay nadie en quien pueda confiar como para que hurgue entre esta colección de errores humanos! ¡Sus trofeos! ¡En lugar de tirarlos los ha conservado hasta el final, el muy cochino!
_________ casi no se sostenía de pie. No podía dar crédito al crimen que se le imputaba a su padre. Y en su incredulidad todo se le hacía confuso.
- ¿Qué está diciendo? – la voz de ella sonó tan débil que apenas se oyó.
- ¿Estás sorda? – la miró Tom sin piedad -. ¿Por qué crees que me casé contigo? ¿Por tu cara bonita y tu educación de convento? ¿Por tu habilidad para actuar como una dama y saber colocar adornos florales en la casa?
- Por las acciones – alcanzó a pronunciar ella.
- ¡No había acciones! ¡Era todo mentira! ¡Ésa línea de barcos ni siquiera existió! – gritó él con furia, sus palabras retumbando en la habitación.
- Me estás mintiendo – contestó _________ a punto de desfallecer.
La atención de Tom estaba puesta en el documento que tenía en ese momento en sus manos. De pronto, sin aviso alguno previo, dio un puñetazo sobre la mesa.
- ¡Es sólo una copia!
- ¿Una copia de qué?
- ¡Y éste es el fin!
Tom parecía un león dispuesto a comérsela.
- El original te lo dio a ti, ¿no es verdad? ¿Te lo dio a ti para dejar a salvo...?
- ¿Qué cosa me dio? – casi no podía articular palabra _________.
- Tu sabes de qué estoy hablando. No te hagas la inocente – dijo él yendo a un rincón de la habitación -. Si no está aquí, lo tienes que tener tú. Max no era ningún tonto. Y sabía que me desharía de ti si caía en mis manos. Así que te lo dio a ti. Entonces, ¿dónde está?
- ¡Basta ya! ¡Déjame en paz! – gritó a pesar del terror que sentía.
- Si no me dices dónde está el certificado, soy capaz de cualquier cosa. ¡He vivido extorsionado durante cinco años para proteger a mi familia, y no pienso vivir así un día más!
Tom había pronunciado por fin la palabra, “extorsionado”. No podía ser cierto. Su padre no podía haberle hecho un chantaje. _________ estaba a punto de desfallecer.
- Siempre me he preguntado por qué lo había hecho así...que tú tuvieras que ser mi castigo de por vida – soltó Tom como pensando en voz alta -. Pero te diré una cosa, preciosa. Prefiero ir a la cárcel por estrangularte antes que cumplir esta otra sentencia.
Aterrada, _________ miraba la cara de Tom, y finalmente, de manera misericordiosa, dejó de verla, al mismo tiempo que _________ se desvaneció.
-Capitulo 05-
_________ recobró la conciencia en la limusina. Tom estaba inclinado sobre ella como cuando ella se había desmayado. En un movimiento brusco del coche, _________ se apartó hacia el lado opuesto del asiento.
- ¡Aléjate de mí! – le gritó presa del pánico.
- ¿Eres una criatura muy delicada, no te parece?
- De pronto te has vuelto un manojo de nervios – Tom la miraba con satisfacción perversa; parecía haber recuperado el control -. ¿Dónde está el certificado?
_________ se clavó las uñas. Necesitaba alguna sensación que le dijera que estaba despierta, que no se trataba de una pesadilla.
- Te he dicho que no sé de qué hablas.
- Bueno, si antes no lo sabías, ahora ya lo sabes, y quiero que me lo digas.
- No puedo creer que mi padre te hiciera chantaje...
- ¿Un asunto sucio, no? – Tom la trataba sin la más mínima compasión -. Pero él era un profesional, de alto vuelo. A él le interesaban los ricos y famosos. Le gustaban los personajes a los que pudiera sacarles el jugo. Era muy bueno en su trabajo. Nunca dejaba a sus víctimas totalmente secas, ni los llevaba al extremo de que quisieran matarlo. Los hacía pagar durante mucho tiempo y luego los dejaba en paz, pero siempre se quedaba con la prueba de sus delitos y trapos sucios para protegerse. Hizo una fortuna...
- ¡No me lo creo!
- ¿Crees que guardaba esas fotos pornográficas sólo por diversión? Si se quedó con la prueba de los trapos sucios de mi familia... -La voz de Tom se hizo más dura aún -. También tenía el certificado original, y como he intentado recuperarlo buscando por todas partes, es evidente que tú lo tienes.
- ¡Él no me dio nada! – gritó histéricamente.
- A mí no me vas a engañar. Inténtalo y te romperé...
- ¡Estás loco! – sollozó.
- Hasta ahora he sido paciente. He estado en la cuerda floja durante cinco años. La única forma de mantenerme a salvo era seguir casado contigo. Pensé que ibas a irte con papá. Pero no lo hiciste. Y hay una cosa que me ha quedado clara. Estás enamorada de mí...
- ¿Qué? – _________ lo interrumpió.
- Estás obsesionada conmigo. ¿Crees que no lo sé? – Tom la miró con desprecio -. Cualquier mujer normal ya se hubiese desengañado y hubiera dejado de esperar que su amor fuera correspondido... ¡Pero tú no! Te has quedado hasta el final, fiel hasta el fin, ¡sin darme la posibilidad de que pueda quejarme del maldito trato que hice!
- ¿Fiel? – no podía creer todo lo que oía. Era increíble, pero Tom se creía lo que decía. Estaba convencido de que se había quedado a su lado por una cuestión de amor. El nombre de Gustav quería abrirse paso entre sus labios, pero era mejor que no.
- No estoy enamorada de ti – dijo dignamente.
- ¡Escucha, estás hablando con el chico que fue tu regalo de cumpleaños cuando cumpliste Dieciséis!
- ¿Cómo?
- ¿Me elegiste en alguna revista de sociedad? ¿O me viste personalmente antes? ¿Me echaste un vistazo y saliste corriendo a decírselo a papá? “Papá: éste es el que me gusta”.
Tom hablaba en serio. Realmente hablaba en serio.
- ¡Tú tienes que estar mal de la cabeza!
- Hablaremos. Llevo cinco años esperando esta conversación. Todo lo que sé es que el querido Max hizo el trabajo sucio por ti. Me cazasteis como a un animal...
- ¡Tú eres un animal, un auténtico insulto a la especie humana! – estalló _________ -. ¡Y encima te lo tienes creído!
- ¡Dios! Mi joven dama sabe alzar la voz – dijo cínicamente Tom -. No parece gustarle la verdad. Hiere tu orgullo. Pero sé que he sido atrapado intencionalmente. Yo no sabía siquiera quién era tu padre la primera vez que fui a la casa. Me hizo una proposición de negocios una tercera persona, y fui citado allí. Y ocurrió justamente que tu padre no se encontraba en casa cuando llegué. Pero, ¡Oh, sorpresa! ¡Estabas tú! Llevabas algo blanco y romántico, y adornabas con flores el recinto, es decir estabas armada hasta los dientes con tus encantos virginales. Lo recuerdo perfectamente.
- ¡No fue así!
- Cualquier griego con sangre en las venas se hubiese rendido a tus encantos con mirarte dos veces – le dijo Tom con resentimiento -. ¡Y tú ahí, todo sonrisas tímidas y con rubor en las mejillas, comiéndome con esos ojos azules como si llevases una semana de ayuno!
- ¡Basta ya! – la voz de _________ casi se rompió.
- Entonces me invitaron a cenar y tú tocaste el piano, y cantaste como un ángel. Todas tus virtudes puestas en juego para mí. Y no sé cómo fue, pero finalmente el negocio pasó a un segundo plano, y se me olvidó. Para que sepas, había sólo dos preguntas que me interesaba hacer, pero no era pertinente hacerlas esa noche.
- ¿Sí? – _________ trataba de borrar los recuerdos penosos de ese día.
- ¿Tenías suficiente edad para obtener el consentimiento de tu padre? ¿Intentaba tu padre protegerte del mundo y de los depredadores como yo? El matrimonio no estaba entonces en mi cabeza, y nunca había estado.
_________ sintió nauseas. Tom siguió hablando:
- ¿Y de quién fue la idea de que me quedara a cenar? Tuya. Tú le dijiste a él que me querías y eso fue todo. Luego él escarbó y escarbó, hasta sacar a la luz cosas que sólo dos personas vivas sabían, y que ninguna de los dos iba a contar jamás.
- ¿Qué averiguó? – preguntó ella ansiosa.
- Tú lo sabes... Max sabía perfectamente que no viviría muchos años. Y no se fue a la tumba con el secreto – dijo Tom.
- Él no me reveló nada.
- Y si tú no lo tienes, debes saber quién lo tiene.
El chofer abrió la puerta y ella casi se cae del asiento. Miró la calle del barrio residencial casi con pánico. Hubiese querido correr. Ella sabía dónde estaba. Era el apartamento de Tom en París donde ella había pasado una noche de bodas inolvidable, sola.
- Inténtalo – dijo Tom con tranquilidad -. Corre y verás qué pasa. No llegarías ni a la esquina.
Aterrada, _________ entró en el edificio frente a ellos, y se metió en el ascensor.
- Recuerdos... – dijo Tom, como si pudiera ver lo que ella estaba pensando.
_________ sabía que aún no había salido del estado de shock. No decía nada, sabía que no estaba en condiciones de desafiarlo. Tom estaba preparado. Había estado esperando el momento de la venganza. Del mismo modo que habría esperado la muerte de su padre para liberarse de ella.
- Hay muchas cosas que puedo hacer por orden de otra persona, pero compartir la cama contigo no es una de ellas. Tu padre podía obligarme a casarme contigo pero no podía seguirme al dormitorio y forzarme a...
- ¡Cállate! – le gritó ella histérica.
- ¿Por qué no le contaste nunca la verdad de nuestro matrimonio?
_________ se tapó la cara en un intento de no oír más.
- Por favor, más no... – murmuró, y no le importó rogarlo.
Pero él le sujetó por los hombros con firmeza y le dijo:
- ¿Por qué aceptaste la triste realidad de tu cama matrimonial vacía durante todos estos años y no dijiste nada? ¿Por qué?
En un acto de arrojo, _________ salió corriendo y atravesó el hall del inmenso apartamento y alcanzó el dormitorio al otro extremo del corredor. Se metió en el y echó el cerrojo. Tenía el estómago revuelto, y tuvo que quedarse quieta un momento hasta que por fin pudo quitarse la ropa, y meterse en la ducha.
_________ recobró la conciencia en la limusina. Tom estaba inclinado sobre ella como cuando ella se había desmayado. En un movimiento brusco del coche, _________ se apartó hacia el lado opuesto del asiento.
- ¡Aléjate de mí! – le gritó presa del pánico.
- ¿Eres una criatura muy delicada, no te parece?
- De pronto te has vuelto un manojo de nervios – Tom la miraba con satisfacción perversa; parecía haber recuperado el control -. ¿Dónde está el certificado?
_________ se clavó las uñas. Necesitaba alguna sensación que le dijera que estaba despierta, que no se trataba de una pesadilla.
- Te he dicho que no sé de qué hablas.
- Bueno, si antes no lo sabías, ahora ya lo sabes, y quiero que me lo digas.
- No puedo creer que mi padre te hiciera chantaje...
- ¿Un asunto sucio, no? – Tom la trataba sin la más mínima compasión -. Pero él era un profesional, de alto vuelo. A él le interesaban los ricos y famosos. Le gustaban los personajes a los que pudiera sacarles el jugo. Era muy bueno en su trabajo. Nunca dejaba a sus víctimas totalmente secas, ni los llevaba al extremo de que quisieran matarlo. Los hacía pagar durante mucho tiempo y luego los dejaba en paz, pero siempre se quedaba con la prueba de sus delitos y trapos sucios para protegerse. Hizo una fortuna...
- ¡No me lo creo!
- ¿Crees que guardaba esas fotos pornográficas sólo por diversión? Si se quedó con la prueba de los trapos sucios de mi familia... -La voz de Tom se hizo más dura aún -. También tenía el certificado original, y como he intentado recuperarlo buscando por todas partes, es evidente que tú lo tienes.
- ¡Él no me dio nada! – gritó histéricamente.
- A mí no me vas a engañar. Inténtalo y te romperé...
- ¡Estás loco! – sollozó.
- Hasta ahora he sido paciente. He estado en la cuerda floja durante cinco años. La única forma de mantenerme a salvo era seguir casado contigo. Pensé que ibas a irte con papá. Pero no lo hiciste. Y hay una cosa que me ha quedado clara. Estás enamorada de mí...
- ¿Qué? – _________ lo interrumpió.
- Estás obsesionada conmigo. ¿Crees que no lo sé? – Tom la miró con desprecio -. Cualquier mujer normal ya se hubiese desengañado y hubiera dejado de esperar que su amor fuera correspondido... ¡Pero tú no! Te has quedado hasta el final, fiel hasta el fin, ¡sin darme la posibilidad de que pueda quejarme del maldito trato que hice!
- ¿Fiel? – no podía creer todo lo que oía. Era increíble, pero Tom se creía lo que decía. Estaba convencido de que se había quedado a su lado por una cuestión de amor. El nombre de Gustav quería abrirse paso entre sus labios, pero era mejor que no.
- No estoy enamorada de ti – dijo dignamente.
- ¡Escucha, estás hablando con el chico que fue tu regalo de cumpleaños cuando cumpliste Dieciséis!
- ¿Cómo?
- ¿Me elegiste en alguna revista de sociedad? ¿O me viste personalmente antes? ¿Me echaste un vistazo y saliste corriendo a decírselo a papá? “Papá: éste es el que me gusta”.
Tom hablaba en serio. Realmente hablaba en serio.
- ¡Tú tienes que estar mal de la cabeza!
- Hablaremos. Llevo cinco años esperando esta conversación. Todo lo que sé es que el querido Max hizo el trabajo sucio por ti. Me cazasteis como a un animal...
- ¡Tú eres un animal, un auténtico insulto a la especie humana! – estalló _________ -. ¡Y encima te lo tienes creído!
- ¡Dios! Mi joven dama sabe alzar la voz – dijo cínicamente Tom -. No parece gustarle la verdad. Hiere tu orgullo. Pero sé que he sido atrapado intencionalmente. Yo no sabía siquiera quién era tu padre la primera vez que fui a la casa. Me hizo una proposición de negocios una tercera persona, y fui citado allí. Y ocurrió justamente que tu padre no se encontraba en casa cuando llegué. Pero, ¡Oh, sorpresa! ¡Estabas tú! Llevabas algo blanco y romántico, y adornabas con flores el recinto, es decir estabas armada hasta los dientes con tus encantos virginales. Lo recuerdo perfectamente.
- ¡No fue así!
- Cualquier griego con sangre en las venas se hubiese rendido a tus encantos con mirarte dos veces – le dijo Tom con resentimiento -. ¡Y tú ahí, todo sonrisas tímidas y con rubor en las mejillas, comiéndome con esos ojos azules como si llevases una semana de ayuno!
- ¡Basta ya! – la voz de _________ casi se rompió.
- Entonces me invitaron a cenar y tú tocaste el piano, y cantaste como un ángel. Todas tus virtudes puestas en juego para mí. Y no sé cómo fue, pero finalmente el negocio pasó a un segundo plano, y se me olvidó. Para que sepas, había sólo dos preguntas que me interesaba hacer, pero no era pertinente hacerlas esa noche.
- ¿Sí? – _________ trataba de borrar los recuerdos penosos de ese día.
- ¿Tenías suficiente edad para obtener el consentimiento de tu padre? ¿Intentaba tu padre protegerte del mundo y de los depredadores como yo? El matrimonio no estaba entonces en mi cabeza, y nunca había estado.
_________ sintió nauseas. Tom siguió hablando:
- ¿Y de quién fue la idea de que me quedara a cenar? Tuya. Tú le dijiste a él que me querías y eso fue todo. Luego él escarbó y escarbó, hasta sacar a la luz cosas que sólo dos personas vivas sabían, y que ninguna de los dos iba a contar jamás.
- ¿Qué averiguó? – preguntó ella ansiosa.
- Tú lo sabes... Max sabía perfectamente que no viviría muchos años. Y no se fue a la tumba con el secreto – dijo Tom.
- Él no me reveló nada.
- Y si tú no lo tienes, debes saber quién lo tiene.
El chofer abrió la puerta y ella casi se cae del asiento. Miró la calle del barrio residencial casi con pánico. Hubiese querido correr. Ella sabía dónde estaba. Era el apartamento de Tom en París donde ella había pasado una noche de bodas inolvidable, sola.
- Inténtalo – dijo Tom con tranquilidad -. Corre y verás qué pasa. No llegarías ni a la esquina.
Aterrada, _________ entró en el edificio frente a ellos, y se metió en el ascensor.
- Recuerdos... – dijo Tom, como si pudiera ver lo que ella estaba pensando.
_________ sabía que aún no había salido del estado de shock. No decía nada, sabía que no estaba en condiciones de desafiarlo. Tom estaba preparado. Había estado esperando el momento de la venganza. Del mismo modo que habría esperado la muerte de su padre para liberarse de ella.
- Hay muchas cosas que puedo hacer por orden de otra persona, pero compartir la cama contigo no es una de ellas. Tu padre podía obligarme a casarme contigo pero no podía seguirme al dormitorio y forzarme a...
- ¡Cállate! – le gritó ella histérica.
- ¿Por qué no le contaste nunca la verdad de nuestro matrimonio?
_________ se tapó la cara en un intento de no oír más.
- Por favor, más no... – murmuró, y no le importó rogarlo.
Pero él le sujetó por los hombros con firmeza y le dijo:
- ¿Por qué aceptaste la triste realidad de tu cama matrimonial vacía durante todos estos años y no dijiste nada? ¿Por qué?
En un acto de arrojo, _________ salió corriendo y atravesó el hall del inmenso apartamento y alcanzó el dormitorio al otro extremo del corredor. Se metió en el y echó el cerrojo. Tenía el estómago revuelto, y tuvo que quedarse quieta un momento hasta que por fin pudo quitarse la ropa, y meterse en la ducha.
HOLA!!! AQUI ESTAN LOS TRES CAPITULOS DEL DIA ...
JENIFER QUE BN QUE YA LA LEISTE ... ESTA MUY BONITA ... GRACIAS POR LEERLA OTRA VEZ ... :)
BUENO YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA ... ADIOS :))
Sigueeee
ResponderBorrarOo dios pero por q la trata asiii , q mal , pero me encanta jajajajajja sube pronto bye cuidate mucho . No te olvides de subir
ResponderBorrarSube pronto *-*
ResponderBorrar:O xq Tom es tan cruel con (Tn)?? que le hicieron a la familia de Tom? estoy muy intrigada virgi, me encanto espero los próximos caps!!!!
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