-Capitulo 06-
“Mi padre, lo extorsionaba”, repetía sus palabras. Se sentía tan sucia. Era la primera vez en su vida que se sentía verdaderamente sucia. Y no sabía que podía hacer para sentirse limpia nuevamente.
Su madre. Que había muerto cuando _________ tenía cuatro años, era un recuerdo difuso. Era la hija de un pequeño aristócrata, que se había apartado de su familia por casarse con Max. Pero Max no le había dicho a su hija por qué. Nunca se lo había explicado.
La infancia de _________ había sido una sucesión de niñeras e internados desde una edad muy temprana. Max viajaba incesantemente, y siempre que le había pedido ir a vivir con él. Había llorado mucho antes de que se diera cuenta de que para su padre ella era exceso de equipaje, y que un hombre frío y distante. De todos modos reconocía que su padre se había preocupado por ella más que por ninguna otra persona.
Había estado siempre orgulloso de su belleza, de su educación, y su don para la música. Ahora se daba cuenta de que ésas habían sido unas ventajas de gran valor social para su padre. Max había sido ambicioso con relación a su hija. Había querido que se casara con un hombre rico y poderoso. Él mismo había vivido en contacto con la alta sociedad, y quería que su hija fuera miembro de todo derecho de esa misma clase social. Pero _________ había carecido de un verdadero calor de hogar. Y esa carencia afectiva la había llevado a hacer todo lo posible por ganarse la aprobación y el amor de su padre. ¿Cómo iba a imaginarse que Max no era un hombre de negocios legal? ¿Cómo podía imaginarse que su privilegiada vida había sido financiada con algo tan ruin como el contenido de la caja fuerte? Y menos aún, ¿Cómo podría haber sospechado que había extorsionado a Tom para que se casara con ella?. Finalmente comprendía la farsa de su matrimonio, demasiado tarde.
Los cinco años habían pasado, no podían recuperarlos ni ella ni Tom. No le extrañaba que la despreciara. Y que estuviera seguro de que ella conocía el secreto que no debía conocerse, “para proteger a mi familia”, había dicho.
Lo gracioso del caso era que ella no tenía la más mínima curiosidad por conocerlo. Tom podía seguir guardándolo toda la vida. En todo caso la familia de Tom eran extraños para ella. No conocía a su madre, ni a sus tres hermanas. Muchas veces se había preguntado qué les diría a ellas acerca de su matrimonio. ¿Pero se habría molestado en explicarles algo? Como Max, Tom no era amigo de dar explicaciones.
¿Cómo podía pensar que ella lo amaba? Era humillante. No sólo se trataba de un marido al que habían obligado a casar a punta de pistola, sino que además creía que su mujer, después de cinco años de desprecios e infidelidades, aún lo amaba.
El agua de la ducha seguía cayendo, y de pronto _________ sintió que una extraña fuerza se apoderaba de ella. Incluso empezó a sentir pena por Tom. Creía que ella podía usar el chantaje más allá de la muerte de su padre. La noticia de que ella estaba enamorada de otro hombre seguramente sería un alivio para Tom.
_________ había perdido cinco años de su vida, pero ni un día más. Su padre había ejercido plena autoridad sobre ella. Luego Tom había tomado el relevo, y ella lo había aceptado sin más.
Y había sentido miedo durante tanto tiempo... Miedo por el mundo que había fuera de su irreal mundo de privilegios. Temor por el desprecio de su padre. Temor de que la verdad sobre el matrimonio terminara con la débil salud de su padre si se enteraba. Pero no más miedos, se dijo.
Si Tom había sido una víctima, ella también lo había sido. Y sin embargo no armaba tanto escándalo como él. La vanidad de Tom la indignaba.
Un golpe fuerte sonó en la puerta.
- ¡Abre! – exigió Tom.
_________ hizo un esfuerzo por no oír. Ya tenía bastante con lo que había ocurrido anteriormente. No quería saber nada de él. Tom no tenía una sola virtud que pudiera conmoverla. Cinco años atrás sin embargo había sentido una gran atracción por él. Había elegido entonces con el corazón, no con la cabeza.
“Mi padre, lo extorsionaba”, repetía sus palabras. Se sentía tan sucia. Era la primera vez en su vida que se sentía verdaderamente sucia. Y no sabía que podía hacer para sentirse limpia nuevamente.
Su madre. Que había muerto cuando _________ tenía cuatro años, era un recuerdo difuso. Era la hija de un pequeño aristócrata, que se había apartado de su familia por casarse con Max. Pero Max no le había dicho a su hija por qué. Nunca se lo había explicado.
La infancia de _________ había sido una sucesión de niñeras e internados desde una edad muy temprana. Max viajaba incesantemente, y siempre que le había pedido ir a vivir con él. Había llorado mucho antes de que se diera cuenta de que para su padre ella era exceso de equipaje, y que un hombre frío y distante. De todos modos reconocía que su padre se había preocupado por ella más que por ninguna otra persona.
Había estado siempre orgulloso de su belleza, de su educación, y su don para la música. Ahora se daba cuenta de que ésas habían sido unas ventajas de gran valor social para su padre. Max había sido ambicioso con relación a su hija. Había querido que se casara con un hombre rico y poderoso. Él mismo había vivido en contacto con la alta sociedad, y quería que su hija fuera miembro de todo derecho de esa misma clase social. Pero _________ había carecido de un verdadero calor de hogar. Y esa carencia afectiva la había llevado a hacer todo lo posible por ganarse la aprobación y el amor de su padre. ¿Cómo iba a imaginarse que Max no era un hombre de negocios legal? ¿Cómo podía imaginarse que su privilegiada vida había sido financiada con algo tan ruin como el contenido de la caja fuerte? Y menos aún, ¿Cómo podría haber sospechado que había extorsionado a Tom para que se casara con ella?. Finalmente comprendía la farsa de su matrimonio, demasiado tarde.
Los cinco años habían pasado, no podían recuperarlos ni ella ni Tom. No le extrañaba que la despreciara. Y que estuviera seguro de que ella conocía el secreto que no debía conocerse, “para proteger a mi familia”, había dicho.
Lo gracioso del caso era que ella no tenía la más mínima curiosidad por conocerlo. Tom podía seguir guardándolo toda la vida. En todo caso la familia de Tom eran extraños para ella. No conocía a su madre, ni a sus tres hermanas. Muchas veces se había preguntado qué les diría a ellas acerca de su matrimonio. ¿Pero se habría molestado en explicarles algo? Como Max, Tom no era amigo de dar explicaciones.
¿Cómo podía pensar que ella lo amaba? Era humillante. No sólo se trataba de un marido al que habían obligado a casar a punta de pistola, sino que además creía que su mujer, después de cinco años de desprecios e infidelidades, aún lo amaba.
El agua de la ducha seguía cayendo, y de pronto _________ sintió que una extraña fuerza se apoderaba de ella. Incluso empezó a sentir pena por Tom. Creía que ella podía usar el chantaje más allá de la muerte de su padre. La noticia de que ella estaba enamorada de otro hombre seguramente sería un alivio para Tom.
_________ había perdido cinco años de su vida, pero ni un día más. Su padre había ejercido plena autoridad sobre ella. Luego Tom había tomado el relevo, y ella lo había aceptado sin más.
Y había sentido miedo durante tanto tiempo... Miedo por el mundo que había fuera de su irreal mundo de privilegios. Temor por el desprecio de su padre. Temor de que la verdad sobre el matrimonio terminara con la débil salud de su padre si se enteraba. Pero no más miedos, se dijo.
Si Tom había sido una víctima, ella también lo había sido. Y sin embargo no armaba tanto escándalo como él. La vanidad de Tom la indignaba.
Un golpe fuerte sonó en la puerta.
- ¡Abre! – exigió Tom.
_________ hizo un esfuerzo por no oír. Ya tenía bastante con lo que había ocurrido anteriormente. No quería saber nada de él. Tom no tenía una sola virtud que pudiera conmoverla. Cinco años atrás sin embargo había sentido una gran atracción por él. Había elegido entonces con el corazón, no con la cabeza.
-Capitulo 07-
- ¡_________! – volvió a golpear Tom con impaciencia.
No era un hombre que respetase a las mujeres. Iba detrás de todas ellas, rubias morenas, daba igual. Eso sí, todas tenían piernas largas, pechos imponentes y pelo largo. _________ no tenía ninguno de esos atributos, y alguna vez había sido un tormento para ella, ya que la imagen que tenía de sí misma, débil e insegura, no se había visto beneficiada con esta carencia.
Pero tenía muchas otras virtudes. Y debía agradecerle a Gustav el haberlo descubierto. Gustav le había enseñado a valorarse, poniéndola en primerísimo lugar. Él la había ayudado a aceptarse a sí misma. En cambio Tom siempre la había humillado y despreciado. ¿Y ahora por qué tenía que sentirse culpable? ¿Acaso no había pagado ya los pecados de su padre?
Cuando estaba cerrando la ducha y alargando la mano para alcanzar la toalla, un golpe enérgico tiró la puerta abajo. Ésta quedó pendiendo de la bisagra, y dejó la figura de Tom al descubierto. Su cuerpo vigoroso ocupando la puerta de la habitación.
- ¿Para qué te has encerrado aquí? – preguntó furioso.
- ¿Te has vuelto loco? – _________ se sentía intimidada por la presencia de él, pero también estaba furiosa.
- ¡Me hicieron responsable de tu bienestar!
¿Se refería a su bienestar o a su propia seguridad?. ¿Era por ello que había tirado la puerta como un hombre de las cavernas? ¿Tenía miedo de que se hubiese tirado por la ventana o de que fuera a hacerlo? Evidentemente esto último lo hubiese puesto en un aprieto.
_________, echándole una mirada de incredulidad, comenzó a recoger su ropa.
- Tu piel tiene el color de las camelias – dijo él.
Tom estaba mirando descaradamente, algo que la turbaba terriblemente.
- Tira la toalla – le exigió.
_________ no podía creer lo que oía. Pero Tom esperaba que su orden fuese cumplida. Lo demostraba en su gesto expectante.
_________ sintió que se le secaban los labios, que sus pulmones se quedaban sin aire, que un calor asfixiante se apoderaba de su cuerpo entero. Sus pechos de pronto se volvieron pesados, sus pezones se irguieron volviéndose más sensibles.
- Eres tan pequeña, pero guardas unas proporciones tan perfectas... – musitó él en el denso silencio.
_________ no podía creer lo que oía de la boca de Tom. Éste era un Tom que ella jamás había conocido, pero que de algún modo siempre había sospechado que podía existir. Era un hombre que despedía una vigorosa sexualidad. Había algo peligrosamente fascinante en la corriente sexual que emanaba de él, algo atávico y elemental. Daba la sensación de ser depredador como él mismo se había nombrado alguna vez con candor. Y lo era, ahora ella lo podía comprobar.
- ¿Me disculpas? Voy a vestirme, si no te importa – murmuró ella inexpresiva.
- ¿No hablarás en serio, verdad? – dijo él como si ella fuera la que se estaba comportando de modo extraño.
_________ estaba indignada. Tom podía dejar de lado el odio y el resentimiento que había entre ellos y pensar en el sexo. ¿Por qué? ¿Por qué estaba medio desnuda solamente?. Parecía que el lívido de Tom despertase con poca cosa.
- Quiero vestirme – insistió.
- Eres tímida. Pero me has estado esperando durante mucho tiempo – dijo él con satisfacción.
_________ rió. No pudo evitarlo. Era una risa histérica que rompía el silencio como un cristal que se rompe.
- Basta...
Se le cayó la ropa de las manos al darse la vuelta y taparse la cara con las manos temblorosas. Era un gesto histérico, descontrolado, que la asaltaba sin aviso. Estaba furiosa por su propia reacción, pero su furia aumentó aún más cuando sintió los brazos de Tom alrededor de ella, asaltándola por la espalda. Se quedó paralizada.
- ¡_________! – volvió a golpear Tom con impaciencia.
No era un hombre que respetase a las mujeres. Iba detrás de todas ellas, rubias morenas, daba igual. Eso sí, todas tenían piernas largas, pechos imponentes y pelo largo. _________ no tenía ninguno de esos atributos, y alguna vez había sido un tormento para ella, ya que la imagen que tenía de sí misma, débil e insegura, no se había visto beneficiada con esta carencia.
Pero tenía muchas otras virtudes. Y debía agradecerle a Gustav el haberlo descubierto. Gustav le había enseñado a valorarse, poniéndola en primerísimo lugar. Él la había ayudado a aceptarse a sí misma. En cambio Tom siempre la había humillado y despreciado. ¿Y ahora por qué tenía que sentirse culpable? ¿Acaso no había pagado ya los pecados de su padre?
Cuando estaba cerrando la ducha y alargando la mano para alcanzar la toalla, un golpe enérgico tiró la puerta abajo. Ésta quedó pendiendo de la bisagra, y dejó la figura de Tom al descubierto. Su cuerpo vigoroso ocupando la puerta de la habitación.
- ¿Para qué te has encerrado aquí? – preguntó furioso.
- ¿Te has vuelto loco? – _________ se sentía intimidada por la presencia de él, pero también estaba furiosa.
- ¡Me hicieron responsable de tu bienestar!
¿Se refería a su bienestar o a su propia seguridad?. ¿Era por ello que había tirado la puerta como un hombre de las cavernas? ¿Tenía miedo de que se hubiese tirado por la ventana o de que fuera a hacerlo? Evidentemente esto último lo hubiese puesto en un aprieto.
_________, echándole una mirada de incredulidad, comenzó a recoger su ropa.
- Tu piel tiene el color de las camelias – dijo él.
Tom estaba mirando descaradamente, algo que la turbaba terriblemente.
- Tira la toalla – le exigió.
_________ no podía creer lo que oía. Pero Tom esperaba que su orden fuese cumplida. Lo demostraba en su gesto expectante.
_________ sintió que se le secaban los labios, que sus pulmones se quedaban sin aire, que un calor asfixiante se apoderaba de su cuerpo entero. Sus pechos de pronto se volvieron pesados, sus pezones se irguieron volviéndose más sensibles.
- Eres tan pequeña, pero guardas unas proporciones tan perfectas... – musitó él en el denso silencio.
_________ no podía creer lo que oía de la boca de Tom. Éste era un Tom que ella jamás había conocido, pero que de algún modo siempre había sospechado que podía existir. Era un hombre que despedía una vigorosa sexualidad. Había algo peligrosamente fascinante en la corriente sexual que emanaba de él, algo atávico y elemental. Daba la sensación de ser depredador como él mismo se había nombrado alguna vez con candor. Y lo era, ahora ella lo podía comprobar.
- ¿Me disculpas? Voy a vestirme, si no te importa – murmuró ella inexpresiva.
- ¿No hablarás en serio, verdad? – dijo él como si ella fuera la que se estaba comportando de modo extraño.
_________ estaba indignada. Tom podía dejar de lado el odio y el resentimiento que había entre ellos y pensar en el sexo. ¿Por qué? ¿Por qué estaba medio desnuda solamente?. Parecía que el lívido de Tom despertase con poca cosa.
- Quiero vestirme – insistió.
- Eres tímida. Pero me has estado esperando durante mucho tiempo – dijo él con satisfacción.
_________ rió. No pudo evitarlo. Era una risa histérica que rompía el silencio como un cristal que se rompe.
- Basta...
Se le cayó la ropa de las manos al darse la vuelta y taparse la cara con las manos temblorosas. Era un gesto histérico, descontrolado, que la asaltaba sin aviso. Estaba furiosa por su propia reacción, pero su furia aumentó aún más cuando sintió los brazos de Tom alrededor de ella, asaltándola por la espalda. Se quedó paralizada.
-Capitulo 08-
Él la había empujado contra un cuerpo tibio y vigoroso, amenazándola con un contacto físico tan turbador como desconocido. No podía creer que él la estuviera tocando. Parecía algo irreal. Durante cinco años se había comportado como un leproso que se aparta. Y ahora, de repente, quería tocarla, como si estuviera en su derecho. Pero no tenía ningún derecho, y no deseaba sus manos sobre su cuerpo.
- Tal vez no sepas dónde está ese certificado. Tal vez lo haya destruido Max. Pero quizás lo tenga alguien en sus manos esperando para activarlo como una bomba...
Las palabras que usó la hicieron temblar.
Tom lentamente la iba dando vuelta. _________ no se había dado cuenta de lo fuerte que podía ser un hombre comparado con una mujer, hasta que Tom la levantó del suelo como si fuese una muñeca y la apretó contra él.
Descalza no le llegaba ni al hombro, y antes de que él se inclinara hacia ella, las mejillas de _________ rozaron el pecho viril que asomaba por la camisa de seda, cuando se abrió inesperadamente su chaqueta. _________ apenas podía respirar ante la esencia de su masculinidad.
- Mírame – le dijo cortante.
- Por favor, déjame marchar – atinó a decir ella.
Tom le tomó la barbilla y se quedó mirándola, como si no la hubiese oído.
_________ sabía de los hechos acontecidos esa tarde y el ataque de furia de Tom, habían sido apartados de su mente, y que otras necesidades le urgían en es momento.
_________ sintió un torbellino de sensaciones que jamás había sentido. Su cuerpo estaba tenso, y parecía recoger todos los estímulos provenientes de aquella atmósfera.
- Tom... – se oyó decir, mientras sentía que sus pies se apoyaban en la alfombra.
- Hace tanto que no te oigo pronunciar mi nombre – dijo él en un tono profundo.
- No... – dijo ella.
El dedo pulgar de Tom recorrió el labio inferior de _________, haciéndola temblar. Ella intentó moverse, pero la otra mano de él la sostenía con firmeza apoyada en su espalda.
Tom la miró intensamente, y con el pulgar separó sus labios y se internó en la boca de ella, mientras la palma le acariciaba la mejilla. Era un gesto más erótico que jamás había experimentado, y lo peor era que le estaba desencadenando una serie de reacciones físicas que reconocía como una traición de su cuerpo a sí misma.
Era evidente que él se divertía con sus reacciones, pero su mirada expresaba además una gran satisfacción. _________ lo notaba en la expresión de sus ojos.
Tom era un maestro en las técnicas y el arte de seducir, un arte que redundaba en su propio beneficio, aumentando su propio placer. Y estaba acostumbrado a buscar ese placer siempre que afloraba el deseo.
- Quiero... – _________ no podía decir más de una palabra.
- ¿Más? –Tom la soltó de pronto, y le sonrió -. La próxima vez que te pida que tires la toalla, hazlo, pequeña – le aconsejó suavemente.
_________ sintió que esa insinuación podía ser más dolorosa que un puñetazo. Cuando la puerta se cerró tras él, _________ se desmoronó. Lo había desafiado, lo había irritado. Estaba confusa. Todos esos años, nada, y ahora...
¿Por qué ahora? Recordaba lo que le había dicho momentos antes: que su padre no había podido obligarlo a compartir la cama con ella. Y, sin embargo, cuando afloraban sus instintos, parecía que cualquier mujer le venía bien.
Lo que estaba claro era que Tom tenía que demostrar que era un macho. Plantearle el divorcio en esas circunstancias hubiese sido contraproducente, porque lo hubiese llevado aún más lejos en sus intentos de intimar con ella.
No era el mejor momento de hablar de Gustav.
_________ recogió sus prendas nuevamente.
La cuestión era que su marido se había dado cuenta de que existía, aunque sólo fuera de la forma que para él contaba una mujer: sexualmente.
Él la había empujado contra un cuerpo tibio y vigoroso, amenazándola con un contacto físico tan turbador como desconocido. No podía creer que él la estuviera tocando. Parecía algo irreal. Durante cinco años se había comportado como un leproso que se aparta. Y ahora, de repente, quería tocarla, como si estuviera en su derecho. Pero no tenía ningún derecho, y no deseaba sus manos sobre su cuerpo.
- Tal vez no sepas dónde está ese certificado. Tal vez lo haya destruido Max. Pero quizás lo tenga alguien en sus manos esperando para activarlo como una bomba...
Las palabras que usó la hicieron temblar.
Tom lentamente la iba dando vuelta. _________ no se había dado cuenta de lo fuerte que podía ser un hombre comparado con una mujer, hasta que Tom la levantó del suelo como si fuese una muñeca y la apretó contra él.
Descalza no le llegaba ni al hombro, y antes de que él se inclinara hacia ella, las mejillas de _________ rozaron el pecho viril que asomaba por la camisa de seda, cuando se abrió inesperadamente su chaqueta. _________ apenas podía respirar ante la esencia de su masculinidad.
- Mírame – le dijo cortante.
- Por favor, déjame marchar – atinó a decir ella.
Tom le tomó la barbilla y se quedó mirándola, como si no la hubiese oído.
_________ sabía de los hechos acontecidos esa tarde y el ataque de furia de Tom, habían sido apartados de su mente, y que otras necesidades le urgían en es momento.
_________ sintió un torbellino de sensaciones que jamás había sentido. Su cuerpo estaba tenso, y parecía recoger todos los estímulos provenientes de aquella atmósfera.
- Tom... – se oyó decir, mientras sentía que sus pies se apoyaban en la alfombra.
- Hace tanto que no te oigo pronunciar mi nombre – dijo él en un tono profundo.
- No... – dijo ella.
El dedo pulgar de Tom recorrió el labio inferior de _________, haciéndola temblar. Ella intentó moverse, pero la otra mano de él la sostenía con firmeza apoyada en su espalda.
Tom la miró intensamente, y con el pulgar separó sus labios y se internó en la boca de ella, mientras la palma le acariciaba la mejilla. Era un gesto más erótico que jamás había experimentado, y lo peor era que le estaba desencadenando una serie de reacciones físicas que reconocía como una traición de su cuerpo a sí misma.
Era evidente que él se divertía con sus reacciones, pero su mirada expresaba además una gran satisfacción. _________ lo notaba en la expresión de sus ojos.
Tom era un maestro en las técnicas y el arte de seducir, un arte que redundaba en su propio beneficio, aumentando su propio placer. Y estaba acostumbrado a buscar ese placer siempre que afloraba el deseo.
- Quiero... – _________ no podía decir más de una palabra.
- ¿Más? –Tom la soltó de pronto, y le sonrió -. La próxima vez que te pida que tires la toalla, hazlo, pequeña – le aconsejó suavemente.
_________ sintió que esa insinuación podía ser más dolorosa que un puñetazo. Cuando la puerta se cerró tras él, _________ se desmoronó. Lo había desafiado, lo había irritado. Estaba confusa. Todos esos años, nada, y ahora...
¿Por qué ahora? Recordaba lo que le había dicho momentos antes: que su padre no había podido obligarlo a compartir la cama con ella. Y, sin embargo, cuando afloraban sus instintos, parecía que cualquier mujer le venía bien.
Lo que estaba claro era que Tom tenía que demostrar que era un macho. Plantearle el divorcio en esas circunstancias hubiese sido contraproducente, porque lo hubiese llevado aún más lejos en sus intentos de intimar con ella.
No era el mejor momento de hablar de Gustav.
_________ recogió sus prendas nuevamente.
La cuestión era que su marido se había dado cuenta de que existía, aunque sólo fuera de la forma que para él contaba una mujer: sexualmente.
HOLA!!! OTROS MAS xD ... BUENO YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA ... ADIOS -:))
O me encanta , please sube prontooo byeeee
ResponderBorrar:O ahora Tom si la toma en cuenta de verdad que no lo entiendo :S y ahora que hará (Tn)?? no creo que sea capaz de contarle a Tom sobre Gustav .S me encanto virgi espero los próximos caps!!!
ResponderBorrarSigueeeeee3
ResponderBorrar